Lo Que Agrada a Dios
Pastora María Luz Guzmán · 4 de octubre de 2026
¿Cuántas veces hemos tratado de agradar a Dios o ganarnos su favor por nuestro propio mérito?
Su palabra nos afirma que Dios no hace acepción de personas.
En Hechos 10:34, el apóstol Pedro declara estas palabras en la casa de Cornelio, un centurión romano que no era judío, “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas.”
Pedro pudo comprender que la salvación de Dios no era solo para los judíos, no era solo para un grupo específico o una sola nación, sino que la salvación de Dios, a través de Jesús es para todo aquel que en Él cree.
Dios no tiene favoritos, no tenemos que competir por la aprobación o el amor de Dios. Dios nos ama con amor eterno. Él no muestra favoritismo, ni mucho menos nos discrimina por nuestra nacionalidad o lugar de origen.
La palabra de Dios dice en Hechos 10:35, “sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia. El temer a Dios no es tenerle miedo, sino honrarlo y tenerle respeto. Tenerle tanto respeto a Dios, que nos impulsa a obedecer sus mandamientos por nuestra propia voluntad y a apartarnos de todo lo malo que lo lastima.
El hacer justicia, quiere decir que vamos a vivir de acuerdo con los valores de Dios, siempre buscando el bien para nuestro prójimo. El hacer justicia significa que no podemos ser indiferentes al sufrimiento ni al dolor de nuestro prójimo.
Si en verdad somos hijos e hijas de Dios, nuestra fe en Jesús se mostrará en nuestro genuino interés de vivir una vida llena de integridad, amando a Dios y mostrando su amor hacia nuestro prójimo.
Oración:
Padre enséñame a vivir una vida que te agrade, amándote a ti con un corazón sincero y amando a mi prójimo como tú me mandas que lo ame. Ayúdame a recordar que tú no haces acepción de personas. Que mi anhelo siempre sea el amarte de tal manera que me aparte de todo lo que te entristece y te ofende, y siempre procure hacer lo correcto. Porque en ti no hay injusticia. En el nombre de Jesús, amén.